The Project Gutenberg EBook of Poemas, by Edgar Allan Poe

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Title: Poemas

Author: Edgar Allan Poe

Contributor: Rubn Daro

Release Date: June 16, 2008 [EBook #25807]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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EDGAR ALLAN POE

POEMAS

CON UN PRLOGO

DE

Rubn Daro

EDITOR: CLAUDIO GARCIA SARANDI, 441

1919

POEMAS

PEA Hnos.--Imp.



INDICE


Prlogo de _Rubn Daro_

POEMAS

Annabel Lee

A mi Madre

Para Annie

Eldorado

Eulalia

Un ensueo en un ensueo

La ciudad en el mar

La Durmiente

Balada Nupcial

El Coliseo

El Gusano Vencedor

A Elena

A la Ciencia

A la Seorita * * *

A la Seorita * * *

Al Ro

Cancin

Los Espritus de los Muertos

La Romanza

El Reino de las Hadas

El Lago

La Estrella de la Tarde

El Da ms Feliz

Imitacin

Las Campanas

Ulalume

Estrellas Fijas

Dreamland

El Cuervo




PRLOGO


En una maana fra y hmeda llegu por primera vez al inmenso pas de
los Estados Unidos. Iba el _steamer_ despacio, y la sirena aullaba
roncamente por temor de un choque. Quedaba atrs Fire Island con su
erecto faro; estbamos frente a Sandy Hook, de donde nos sali al paso
el barco de sanidad. El ladrante slang yanqui sonaba por todas partes,
bajo el pabelln de bandas y estrellas. El viento fro, los pitos
arromadizados, el humo de las chimeneas, el movimiento de las mquinas,
las mismas ondas ventrudas de aquel mar estaado, el vapor que caminaba
rumbo a la gran baha, todo deca: _all right_. Entre las brumas se
divisaban islas y barcos. Long Island desarrollaba la inmensa cinta de
sus costas, y Staten Island, como en el marco de una vieta, se
presentaba en su hermosura, tentando al lpiz, ya que no, por falta de
sol, a la mquina fotogrfica. Sobre cubierta se agrupan los pasajeros:
el comerciante de gruesa panza, congestionado como un pavo, con
encorvadas narices israelitas; el clergyman huesoso, enfundado en su
largo levitn negro, cubierto con su ancho sombrero de fieltro, y en la
mano una pequea Biblia; la muchacha que usa gorra de jockey, y que
durante toda la travesa ha cantado con voz fonogrfica, al sn de un
banjo; el joven robusto, lampio como un beb, y que, aficionado al box,
tiene los puos de tal modo, que bien pudiera desquijarrar un
rinoceronte de un solo impulso... En los Narrows se alcanza a ver la
tierra pintoresca y florida, las fortalezas. Luego, levantando sobre su
cabeza la antorcha simblica, queda a un lado la gigantesca Madona de la
Libertad, que tiene por peana un islote. De mi alma brota entonces la
salutacin:

A ti, prolfica, enorme, dominadora. A ti, Nuestra Seora de la
Libertad. A ti, cuyas mamas de bronce alimentan un sinnmero de almas y
corazones. A ti, que te alzas solitaria y magnfica sobre tu isla,
levantando la divina antorcha. Yo te saludo al paso de mi _steamer_,
prosternndome delante de tu majestad. Ave: Good morning! Yo s, divino
icono, oh, magna estatua!, que tu solo nombre, el de la excelsa beldad
que encarnas, ha hecho brotar estrellas sobre el mundo, a la manera del
_fiat_ del Seor. All estn entre todas, brillantes sobre las listas de
la bandera, las que iluminan el vuelo del guila de Amrica, de esta tu
Amrica formidable, de ojos azules. Ave, Libertad, llena de fuerza; el
Seor es contigo: bendita t eres. Pero, sabes?, se te ha herido mucho
por el mundo, divinidad, manchando tu esplendor. Anda en la tierra otra
que ha usurpado tu nombre, y que, en vez de la antorcha, lleva la tea.
Aqulla no es la Diana sagrada de las incomparables flechas: es Hcate.

Hecha mi salutacin, mi vista contempla la masa enorme que est al
frente, aquella tierra coronada de torres, aquella regin de donde casi
sents que viene un soplo subyugador y terrible: Manhattan, la isla de
hierro, Nueva York, la sangunea, la ciclpea, la monstruosa, la
tormentosa, la irresistible capital del cheque. Rodeada de islas
menores, tiene cerca a Jersey; y agarrada a Brooklyn con la ua enorme
del puente, Brooklyn, que tiene sobre el palpitante pecho de acero un
ramillete de campanarios.

Se cree or la voz de Nueva York, el eco de un vasto soliloquio de
cifras. Cun distinta de la voz de Pars, cuando uno cree escucharla,
al acercarse, halagadora como una cancin de amor, de poesa y de
juventud! Sobre el suelo de Manhattan parece que va a verse surgir de
pronto un colosal To Samuel, que llama a los pueblos todos a un
inaudito remate, y que el martillo del rematador cae sobre cpulas y
techumbres produciendo un ensordecedor trueno metlico. Antes de entrar
al corazn del monstruo, recuerdo la ciudad, que vio en el poema brbaro
el vidente Thogorma:

_Thogorma dans ses yeux vit monter des murailles de fer dont
s'enroulaient des spirales des tours et des palais cercls d'arain sur
des blocs lourds; ruche norme, ghenne aux lgubres entrailles o
s'engouffraint les Forts, princes des anciens jours._

       *       *       *       *       *

Semejantes a los Fuertes de los das antiguos, viven en sus torres de
piedra, de hierro y de cristal, los hombres de Manhattan.

En su fabulosa Babel, gritan, mugen, resuenan, braman, conmueven la
Bolsa, la locomotora, la fragua, el banco, la imprenta, el dock y la
urna electoral. El edificio Produce Exchange, entre sus muros de hierro
y granito, rene tantas almas cuantas hacen un pueblo... He all
Broadway. Se experimenta casi una impresin dolorosa; sents el dominio
del vrtigo. Por un gran canal, cuyos lados los forman casas
monumentales que ostentan sus cien ojos de vidrio y sus tatuajes de
rtulos, pasa un ro caudaloso, confuso, de comerciantes, corredores,
caballos, tranvas, mnibus, hombres-sandwichs vestidos de anuncios y
mujeres bellsimas. Abarcando con la vista la inmensa arteria en su
hervor continuo, llega a sentirse la angustia de ciertas pesadillas.
Reina la vida del hormiguero: un hormiguero de percherones gigantescos,
de carros monstruosos, de toda clase de vehculos. El vendedor de
peridicos, rosado y risueo, salta como un gorrin, de tranva en
tranva, y grita al pasajero _intanrsooonwoood!_, lo que quiere decir,
si gustis comprar cualquiera de esos tres diarios, el _Evening
Telegram_, _el Sun_ o el _World_. El ruido es mareador y se siente en el
aire una trepidacin incesante; el repiqueteo de los cascos, el vuelo
sonoro de las ruedas, parece a cada instante aumentarse. Temerase a
cada momento un choque, un fracaso, si no se conociese que este inmenso
ro que corre con una fuerza de alud, lleva en sus ondas la exactitud de
una mquina. En lo ms intrincado de la muchedumbre, en lo ms
convulsivo y crespo de la ola en movimiento, sucede que una lady
anciana, bajo su capota negra, o una miss rubia, o una nodriza con su
beb, quiere pasar de una acera a otra. Un corpulento policeman alza la
mano; detinese el torrente; pasa la dama; all right!

Esos cclopes..., dice Groussac; esos feroces calibanes..., escribe
Peladan. Tuvo razn el raro Sar al llamar as a estos hombres de la
Amrica del Norte? Calibn reina en la isla de Manhattan, en San
Francisco, en Boston, en Washington, en todo el pas. Ha conseguido
establecer el imperio de la materia desde su estado misterioso con
Edison, hasta la apoteosis del puerco, en esa abrumadora ciudad de
Chicago. Calibn se satura de wishky, como en el drama de Shakespeare de
vino; se desarrolla y crece; y sin ser esclavo de ningn Prspero, ni
martirizado por ningn genio del aire, engorda y se multiplica. Su
nombre es Legin. Por voluntad de Dios suele brotar de entre esos
poderosos monstruos algn sr de superior naturaleza, que tiende las
alas a la eterna Miranda de lo ideal. Entonces, Calibn mueve contra l
a Sicorax, y se le destierra o se le mata. Esto vio el mundo con Edgar
Allan Poe, el cisne desdichado que mejor ha conocido el ensueo y la
muerte...

Por qu vino tu imagen a mi memoria, Stella, alma, dulce reina ma, tan
presto ida para siempre, el da en que, despus de recorrer el hirviente
Broadway, me puse a leer los versos de Poe, cuyo nombre de Edgar,
harmonioso y legendario, encierra tan vaga y triste poesa, y he visto
desfilar la procesin de sus castas enamoradas a travs del polvo de
plata de un mstico ensueo? Es porque tu eres hermana de las liliales
vrgenes, cantadas en brumosa lengua inglesa por el soador infeliz,
prncipe de los poetas malditos. T como ellas eres llama del infinito
amor. Frente al balcn, vestido de rosas blancas, por donde en el
Paraso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan tus hermanas y
te saludan con una sonrisa, en la maravilla de tu virtud, oh, mi ngel
consolador; oh, mi esposa! La primera que pasa es Irene, la dama
brillante de palidez extraa, venida de all, de los marea lejanos; la
segunda es Eulalia, la dulce Eulalia, de cabellos de oro y ojos de
violeta, que dirige al Cielo su mirada; la tercera es Leonora, llamada
as por los ngeles, joven y radiosa en el Edn distante; la otra es
Francs, la amada que calma las penas con su recuerdo; la otra es
Ulalume, cuya sombra yerra en la nebulosa regin de Weir, cerca del
sombro lago de Auber; la otra Helen, la que fu vista por la primera
vez a la luz de perla de la Luna; la otra Annie, la de los sculos y las
caricias y oraciones por el adorado; la otra Annabel Lee, que am con un
amor envidia de los serafines del Cielo; la otra Isabel, la de los
amantes coloquios en la claridad lunar; Ligeia, en fin, meditabunda,
envuelta en un velo de extraterrestre esplendor... Ellas son, cndido
coro de ideales ocenidos, quienes consuelan y enjugan la frente al
lrico Prometeo amarrado a la montaa Yankee, cuyo cuervo, ms cruel aun
que el buitre esquiliano, sentado sobre el busto de Palas, tortura el
corazn del desdichado, apualendole con la montona palabra de la
desesperanza. As t para m. En medio de los martirios de la vida, me
refrescas y alientas con el aire de tus alas, porque si partiste en tu
forma humana al viaje sin retorno, siento la venida de tu sr inmortal,
cuando las fuerzas me faltan o cuando el dolor tiende hacia m el negro
arco. Entonces, Alma, Stella, oigo sonar cerca de m el oro invisible
de tu escudo anglico. Tu nombre luminoso y simblico surge en el cielo
de mis noches como un incomparable gua, y por claridad inefable llevo
el incienso y la mirra a la cuna de la eterna Esperanza.


EL HOMBRE

La influencia de Poe en el arte universal ha sido suficientemente honda
y transcendente para que su nombre y su obra no sean a la continua
recordados. Desde su muerte ac, no hay ao casi en que, ya en el libro
o en la revista, no se ocupen del excelso poeta americano, crticos,
ensayistas y poetas. La obra de Ingram ilumin la vida del hombre; nada
puede aumentar la gloria del soador maravilloso. Por cierto que la
publicacin de aquel libro, cuya traduccin a nuestra lengua hay que
agradecer al Sr. Mayer, estaba destinada al grueso pblico.

Es que en el nmero de los escogidos, de los aristcratas del espritu,
no estaba ya pesado en su propio valor, el odioso frrago del canino
Griswold? La infame autopsia moral que se hizo del ilustre difunto deba
tener esa bella protesta. Ha de ver ya el mundo libre de mancha al cisne
inmaculado.

Poe, como un Ariel hecho hombre, dirase que ha pasado su vida bajo el
flotante influjo de un extrao misterio. Nacido en un pas de vida
prctica y material, la influencia del medio obra en l al contrario. De
un pas de clculo brota imaginacin tan estupenda. El dn mitolgico
parece nacer en l por lejano atavismo, y vese en su poesa un claro
rayo del pas del sol y azul en que nacieron sus antepasados. Renace en
l el alma caballeresca de los Le Poer alabados en las crnicas de
Generaldo Gambresio. Arnoldo Le Poer lanza en la Irlanda de 1327 este
terrible insulto al caballero Mauricio de Desmond: Sois un rimador.
Por lo cual se empuan las espadas y se traba una ria, que es el
prlogo de guerra sangrienta.

Cinco siglos despus, un descendiente del provocativo Arnoldo,
glorificar a su raza, erigiendo sobre el rico pedestal de la lengua
inglesa, y en un nuevo mundo, el palacio de oro de sus rimas.

El noble abolengo de Poe; ciertamente, no interesa sino a aquellos que
tienen gusto de averiguar los efectos producidos por el pas y el linaje
en las peculiaridades mentales y constitucionales de los hombres de
genio segn las palabras de la noble Sra. Whitman. Por lo dems, es l
quien hoy da valer y honra a todos los pastores protestantes, tenderos,
rentistas o mercachifles que llevan su apellido en la tierra del
honorable padre de su patria Jorge Washington.

Sbese que en el linaje del poeta hubo un bravo sir Rogerio, que batall
en compaa de Strongbow, un osado, sir Arnoldo, que defendi a una
_lady_, acusada de bruja; una mujer heroica y viril, la clebre
_Condesa_ del tiempo de Cromwell; y pasado sobre enredos genealgicos
antiguos, un General de los Estados Unidos, su abuelo. Despus de todo,
ese sr trgico, de historia tan extraa y romancesca, dio su primer
vagido entre las coronas marchitas de una comedianta, la cual le dio
vida bajo el imperio del ms ardiente amor. La pobre artista haba
quedado hurfana desde muy tierna edad. Amaba el teatro, era inteligente
y bella, y de esa dulce gracia naci el plido y melanclico visionario
que dio al arte un mundo nuevo.

Poe naci con el envidiable dn de la belleza corporal. De todos los
retratos que he visto suyos, ninguno da idea de aquella especial
hermosura que en descripciones han dejado muchas de las personas que le
conocieron. No hay duda que en toda la iconografa poeana, el retrato
que debe representarle mejor es el que sirvi a Mr. Clarke para publicar
un grabado que copiaba al poeta en el tiempo en que ste trabajaba en la
empresa de aquel caballero. El mismo Clarke protest contra los falsos
retratos de Poe, que despus de su muerte publicaron. Si no tanto como
los que calumniaron su hermosa alma potica, los que desfiguran la
belleza de su rostro son dignos de la ms justa censura. De todos los
retratos que han llegado a mis manos, los que ms me han llamado la
atencin son el de Chiffart, publicado en la edicin ilustrada de
Quantin, de los _Cuentos extraordinarios_, y el grabado por R. Loncup,
para la traduccin del libro de Ingram por Mayer. En ambos, Poe ha
llegado ya a la edad madura. No es, por cierto, aquel gallardo jovencito
sensitivo que al conocer a Elena Stannard, qued trmulo y sin voz como
el Dante de la _Vita Nuova_....

Es el hombre que ha sufrido ya, que conoce por sus propias desgarradas
carnes cmo hieren las asperezas de la vida. En el primero, el artista
parece haber querido hacer una cabeza simblica. En los ojos, casi
ornitomorfos, en el aire, en la expresin trgica del rostro, Chiffart
ha intentado pintar al autor del _Cuervo_, al visionario, al _unhappy
Master_, ms que al hombre. En el segundo hay ms realidad: esa mirada
triste, de tristeza contagiosa, esa boca apretada, ese vago gesto de
dolor y esa frente ancha y magnfica en donde se entroniz la palidez
fatal del sufrimiento, pintan al desgraciado en sus das de mayor
infortunio, quiz en los que precedieron a su muerte. Los otros
retratos, como el de Halpin para la edicin de Amstrong, nos dan ya
tipos de lechuguinos de la poca, ya caras que nada tienen que ver con
la cabeza bella e inteligente de que habla Clark. Nada ms cierto que la
observacin de Gautier:

Es raro que un poeta, dice, que un artista sea conocido bajo su primer
encantador aspecto. La reputacin no le viene, sino muy tarde, cuando ya
las fatigas del estudio, la lucha por la vida y las torturas de las
pasiones han alterado su fisonoma primitiva; apenas deja sino una
mscara usada, marchita, donde cada dolor ha puesto por estigma una
magulladura o una arruga.

Desde nio, Poe prometa una gran belleza.

Sus compaeros de colegio hablan de su agilidad y robustez. Su
imaginacin y su temperamento nervioso estaban contrapesados por la
fuerza de sus msculos. El amable y delicado ngel de poesa saba dar
excelentes puetazos. Ms tarde dir de l una buena seora: Era un
muchacho bonito.

Cuando entra a West Point hace notar en l un colega, Mr. Gibson, su
mirada cansada, tediosa y hastiada. Ya en su edad viril, recurdale el
biblifilo Gowans: Poe tena un exterior notablemente agradable y que
predispona en su favor: lo que las damas llamaran claramente bello.
Una persona que le oye recitar en Boston, dice: Era la mejor
realizacin de un poeta, en su fisonoma, aire y manera. Un precioso
retrato es hecho de mano femenina: Una talla algo menos que de altura
mediana, quiz, pero tan perfectamente proporcionada y coronada por una
cabeza tan noble, llevada tan regiamente, que, a mi juicio de muchacha,
causaba la impresin de una estatura dominante. Esos claros y
melanclicos ojos parecan mirar desde una eminencia..... Otra dama
recuerda la extraa impresin de sus ojos: Los ojos de Poe, en verdad,
eran el rasgo que ms impresionaba, y era a ellos a los que su cara
deba su atractivo peculiar. Jams he visto otros ojos que en algo se le
parecieran. Eran grandes, con pestaas largas y un negro de azabache: el
iris acero gris, posea una cristalina claridad y transparencia, a
travs de la cual la pupila negra azabache se vea expandirse y
contraerse, con toda sombra de pensamiento o de emocin. Observ que los
prpados jams se contraan, como es tan usual en la mayor parte de las
personas, principalmente cuando hablan; pero su mirada siempre era
llena, abierta y sin encogimiento ni emocin. Su expresin habitual era
soadora y triste: algunas veces tena un modo de dirigir una mirada
ligera, de soslayo, sobre alguna persona que no le observaba a l, y,
con una mirada tranquila y fija, pareca que mentalmente estaba midiendo
el calibre de la persona que estaba ajena de ello.--Qu ojos tan
tremendos tiene el seor Poe!--me dijo una seora. Me hace helar la
sangre el verle darse vuelta lentamente y fijarlos sobre m cuando estoy
hablando.

La misma agrega: Usaba un bigote negro, esmeradamente cuidado, pero que
no cubra completamente una expresin ligeramente contrada de la boca y
una tensin ocasional del labio superior, que se asemejaba a una
expresin de mofa. Esta mofa era fcilmente excitada y se manifestaba
por un movimiento del labio, apenas perceptible, y sin embargo,
intensamente expresivo. No haba en ella nada de malevolencia, pero s
mucho sarcasmo. Sbese, pues, que aquella alma potente y extraa estaba
encerrada en hermoso vaso. Parece que la distincin y dotes fsicas
deberan ser nativas en todos los portadores de la lira. Apolo, el
crinado numen lrico, no es el prototipo de la belleza viril? Mas no
todos sus hijos nacen con dote tan esplndido. Los privilegiados se
llaman Goethe, Byron, Lamartine, Poe.

Nuestro poeta, por su organizacin vigorosa y cultivada, pudo resistir
esa terrible dolencia que un mdico escritor llama con gran propiedad
la enfermedad del ensueo. Era un sublime apasionado, un nervioso, uno
de esos divinos semilocos necesarios para el progreso humano,
lamentables cristos del arte, que por amor al eterno ideal tienen su
calle de la amargura, sus espinas y su cruz. Naci con la adorable llama
de la poesa, y ella le alimentaba al propio tiempo que era su martirio.
Desde nio qued hurfano y le recogi un hombre que jams podra
conocer el valor intelectual de su hijo adoptivo. El Sr. Allan--cuyo
nombre pasar al porvenir al brillo del nombre del poeta--jams pudo
imaginarse que el pobre muchacho recitador de versos que alegraba las
veladas de su _home_, fuese ms tarde un egregio prncipe del Arte. En
Poe reina el _ensueo_ desde la niez. Cuando el viaje de su protector
le lleva a Londres, la escuela del dmine Brondeby es para l como un
lugar fantstico que despierta en su sr extraas reminiscencias;
despus, en la fuerza de su genio, el recuerdo de aquella morada y del
viejo profesor han de hacerle producir una de sus subyugadoras pginas.
Por una parte, posee en su fuerte cerebro la facultad musical; por otra,
la fuerza matemtica. Su _ensueo_ est poblado de quimeras y de cifras
como la carta de un astrlogo. Vuelto a Amrica, vmosle en la escuela
de Clarke, en Richmond, en donde al mismo tiempo que se nutre de
clsicos y recita odas latinas, boxea y llega a ser algo como un
_champion_ estudiantil; en la carrera hubiera dejado atrs a Atalanta,
y aspiraba a los lauros natatorios de Byron. Pero si brilla y descuella
intelectual y fsicamente entre sus compaeros, los hijos de familia de
la fofa aristocracia del lugar miran por encima del hombro al hijo de la
cmica. Cunta no ha de haber sido la hiel que tuvo que devorar este
sr exquisito, humillado por un origen del cual en das posteriores
habra orgullosamente de gloriarse? Son esos primeros golpes los que
empezaron a cincelar el pliegue amargo y sarcstico de sus labios. Desde
muy temprano conoci las asechanzas del lobo racional. Por eso buscaba
la comunicacin con la Naturaleza, tan sana y fortalecedora. Odio,
sobre todo, y detesto este animal que se llama Hombre, escriba Swift a
Poe. Poe, a su vez, habla de la mezquina amistad y de la fidelidad de
polvillo de fruta (gossamer fidelity) del mero hombre. Ya en el libro
de Job, _Eliphaz Themanita_, exclama: Cunto ms el hombre abominable
y vil que bebe como la inquietud?.

No busc el lrico americano el apoyo de la oracin; no era creyente, o,
al menos, su alma estaba alejada del misticismo. A lo cual da por razn
James Russell Lowell lo que podra llamarse la matematicidad de su
cerebracin. Hasta su misterio es matemtico para su propio espritu.
La Ciencia impide al poeta penetrar y tender las alas en la atmsfera de
las verdades ideales. Su necesidad de anlisis, la condicin algebraica
de su fantasa, hcele producir tristsimos efectos cuando nos arrastra
al borde de lo desconocido. La especulacin filosfica nubl en l la
fe, que debiera poseer como todo poeta verdadero. En todas sus obras, si
mal no recuerdo, slo unas dos veces est escrito el nombre de Cristo.
Profesaba, s, la moral cristiana; y en cuanto a los destinos del
hombre, crea en una ley divina, en un fallo inexorable. En l la
ecuacin dominaba a la creencia, y aun en lo referente a Dios y sus
tributos, pensaba con Spinosa que las cosas invisibles y todo lo que es
objeto del entendimiento no puede percibirse de otro modo que por los
ojos de la demostracin; olvidando la profunda afirmacin filosfica:
_Intelectus noster sic de habet? ad prima entium qu sunt
manifestissima in natura, sicut oculus vespertillionis ad solem._ No
crea en lo sobrenatural, segn confesin propia; pero afirmaba que
Dios, como Creador de la Naturaleza, puede, si quiere, modificarla. En
la narracin de la metempscosis de Ligeia hay una definicin de Dios,
tomada de Granwill, que parece ser sustentada por Poe: Dios no es ms
que una gran voluntad que penetra todas las cosas por la naturaleza de
su intensidad. Lo cual estaba ya dicho por Santo Toms en estas
palabras: Si las cosas mismas no determinan el fin para s, porque
desconocen la razn del fin, es necesario que se les determine el fin
por otro que sea determinador de la Naturaleza. Este es el que previene
todas las cosas, que es sr por s mismo necesario, y a ste llamamos
Dios... En la _Revelacin Magntica_, a vuelta de divagaciones
filosficas, Mr. Vankirk--que, como casi todos los personajes de Poe, es
Poe mismo--afirma la existencia de un Dios material, al cual llama
materia suprema e imparticulada. Pero agrega: La materia imparticulada,
o sea Dios en estado de reposo, es en lo que entra en nuestra
comprensin, lo que los hombres llaman espritu. En el dilogo entre
Oinos y Agathos pretende sondear el misterio de la divina inteligencia;
as como en los de Monos y Una y de Eros y Charmion penetra en la
desconocida sombra de la Muerte, produciendo, como pocos, extraos
vislumbres en su concepcin del espritu en el espacio y en el tiempo.

_Rubn Daro._




POEMAS

TRADUCCIN DE ALBERTO LASPLACES




ANNABEL LEE



Hace ya bastantes aos, en un reino ms
all de la mar viva una nia que podis conocer
con el nombre de Annabel Lee. Esa nia
viva sin ningn otro pensamiento que
amarme y ser amada por m.

Yo era un nio y _ella_ era una nia en ese
reino ms all de la mar; pero Annabel Lee
y yo nos ambamos con un amor que era ms
que el amor; un amor tan poderoso que los
serafines del cielo nos envidiaban, a ella y a m.

Y esa fu la razn por la cual, hace ya bastante
tiempo, en ese reino ms all de la mar
un soplo descendi de una nube, y hel a mi
bella Annabel Lee; de suerte que sus padres
vinieron y se la llevaron lejos de m para encerrarla
en un sepulcro, en ese reino ms all de
la mar.

Los ngeles que en el cielo no se sentan ni
la mitad de lo felices que ramos nosotros, nos
envidiaban nuestra alegra a ella y a m. He ah
porque (como cada uno lo sabe en ese reino
ms all de la mar) un soplo descendi desde
la noche de una nube, helando a mi Annabel
Lee.

Pero nuestro amor era ms fuerte que el
amor de aquellos que nos aventajan en edad
y en saber, y ni los ngeles del cielo ni los demonios
de los abismos de la mar podrn separar
jams mi alma del alma de la bella Annabel
Lee.

Porque la luna jams resplandece sin traerme
recuerdos de la bella Annabel Lee; y cuando
las estrellas se levantan, creo ver brillar los
ojos de la bella Annabel Lee; y as paso largas
noches tendido al lado de mi querida,--mi
querida, mi vida y mi compaera,--que
est acostada en su sepulcro ms all de la mar,
en su tumba, al borde de la mar quejumbrosa.

1849.




A MI MADRE

(_Soneto_)



Porque siento que all arriba, en el cielo, los
ngeles que se hablan dulcemente al odo, no
pueden encontrar entre sus radiantes palabras
de amor una expresin ms ferviente que la de
_madre_, he ah por qu, desde hace largo
tiempo os llamo con ese nombre querido, a ti
que eres para m ms que una madre y que
llenis el santuario de mi corazn en el que la
muerte os ha instalado, al libertar el alma de
mi Virginia. Mi madre, mi propia madre, que
muri en buena hora, no era sino mi madre.
Pero vos fuisteis la madre de aquella que quise
tan tiernamente, y por eso mismo me sois
ms querida que la madre que conoc, ms
querida que todo, lo mismo que mi mujer era
ms amada por mi alma que lo que esta misma
amaba su propia vida.




PARA ANNIE



Gracias a Dios! la crisis, el mal ha pasado y
la lnguida enfermedad ha desaparecido por
fin, y la fiebre llamada vivir est vencida.

Tristemente, s que estoy desposedo de mi
fuerza, y no muevo un msculo mientras estoy
tendido, todo a lo largo. Pero, qu importa?
Siento que voy mejor paulatinamente.

Y reposo tan tranquilamente, en el presente,
en mi lecho, que a contemplarme se me
creera muerto, y podra estremecer al que me
viera, creyndome muerto.

Las lamentaciones y los gemidos, los suspiros
y las lgrimas son apaciguadas entre tanto
por esta horrible palpitacin de mi corazn;
ah, esta horrible palpitacin!

La incomodidad,--el disgusto--el cruel sufrimiento--han
cesado con la fiebre que enloqueca
mi cerebro, con la fiebre llamada vivir
que consuma mi cerebro.

Y de todos los tormentos, aquel que ms
tortura ha cesado: el terrible tormento de la
sed por la corriente oscura de una pasin maldita.
He bebido de un agua que apaga toda
sed.

He bebido de un agua que corre con sonido
arrullador, de una fuente subterrnea pero
poco profunda, de una caverna que no est
muy lejos, bajo tierra.

Ah! que no sea dicho jams: mi cuarto
est oscuro, mi lecho es estrecho; porque
jams ningn hombre durmi en lecho igual--y
para _dormir_ verdaderamente, es en un
lecho como ste en el que hay que acostarse.

Mi alma tantalizada reposa dulcemente aqu,
olvidando, sin recordarlas jams, sus rosas, sus
antiguas ansias de mirtos y de rosas.

Pues ahora, mientras reposa tan tranquilamente,
imagina a su alrededor, una ms santa
fragancia de pensamientos, una fragancia de
romero mezclado a pensamientos, a sabor callejero
y al de los bellos y rgidos pensamientos.

Y as yace ella, dichosamente sumergida
en recuerdos perennes de la constancia y de la
belleza de Annie, anegada en un beso a las trenzas
de Annie.

Tiernamente me abraza, apasionadamente
me acaricia. Y entonces caigo dulcemente
adormecido sobre su seno, profundamente adormido
del cielo de su seno.

Y as reposo tan tranquilamente en mi lecho--conociendo
su amor--que me creis muerto.
Y as reposo, tan serenamente en mi lecho,--con
su amor en mi corazn,--que me creis
muerto, que os estremecis al verme, creyndome
muerto.

Pero mi corazn es ms brillante que todas
las estrellas del cielo, porque brilla para Annie,
abrasado por la luz del amor de mi Annie, por
el recuerdo de los bellos ojos luminosos de mi
Annie....

1849.




ELDORADO



Brillantemente ataviado, un galante caballero,
viaj largo tiempo al sol y a la sombra,
cantando su cancin, a la busca del Eldorado.

Pero lleg a viejo, el animoso caballero, y
sobre su corazn cay la noche porque en ninguna
parte encontr la tierra del Eldorado.

Y al fin, cuando le faltaron las fuerzas, pudo
hallar una sombra peregrina.--Sombra,--le
pregunt--dnde podra estar esa tierra del
Eldorado?

--Ms all de las montaas de la Luna, en
el fondo del valle de las sombras; cabalgad,
cabalgad sin descanso--respondi la sombra,--si
buscis el Eldorado.....

1849.




EULALIA



Viva slo en un mundo de lamentaciones y
mi alma era una onda estancada, hasta que
la bella y dulce Eulalia lleg a ser mi pudorosa
compaera, hasta que la joven Eulalia, la de
los cabellos de oro, lleg a ser mi sonriente
compaera.

Ah! las estrellas de la noche brillan bastante
menos que los ojos de esa radiante nia!
Y jams girn de vapor emergido en un irisado
claro de luna, podr compararse al bucle ms
descuidado de la modesta Eulalia, podr
compararse al bucle ms humilde y ms descuidado
de Eulalia, la de los brillantes ojos!

La duda y la pena no me invaden jams,
ahora, porque su alma me entrega suspiro por
suspiro. Y durante todo el da, Astart resplandece
brillante y fuerte en el cielo, en tanto que
siempre hacia ella, mi querida Eulalia, levanta
sus ojos de esposa, en tanto que siempre hacia
ella mi joven Eulalia eleva sus bellos ojos
violetas!...

1845.




UN ENSUEO EN UN ENSUEO



Recibid este beso en la frente. Y ahora que
os dejo, permitidme por lo menos confesar esto:
no os agraviis, vos que estimis que mis das
han sido un ensueo. Entretanto, si la esperanza
se ha ido, en una noche o en un da,
en una visin o en un sueo, se ha ido menos
por eso? Todo lo que vemos o nos parece, no
es sino un ensueo en un ensueo!

Me encuentro en medio de los bramidos de
una costa atormentada por la resaca, y tengo
en la mano granos de arena de oro. Cun
poco es! Y cmo se deslizan a travs de mis
dedos hacia el abismo, mientras lloro, mientras
lloro! Dios mo, no puedo retenerlos en un
nudo ms seguro? Dios mo!, no podr
salvar uno solo del cruel vaco? Todo lo que
vemos o nos parece no es otra cosa que un
ensueo en un ensueo?

1849.




LA CIUDAD EN EL MAR



Ved! La Muerte se ha erigido un trono,
en una extraa ciudad que se levanta, solitaria,
muy lejos, en el sombro occidente, donde
los buenos y los malos, los peores y los mejores
han ido hacia la paz eterna. All los templos,
los palacios y las torres--torres carcomidas
por el tiempo, y que no tiemblan nunca,--no
se parecen en nada a las nuestras. A su alrededor,
olvidadas por los vientos que no las agitan
jams resignadas bajo los cielos, reposan las
aguas melanclicas.

Desde el cielo sagrado, ningn rayo desciende
en la negra noche de esa ciudad; pero un resplandor
reflejado por la lvida mar, invade las
torres, brilla silenciosamente sobre las almenas,
a lo hondo y a lo largo, sobre las cpulas, sobre
las cimas, sobre los palacios reales, sobre los
templos, sobre las murallas babilnicas, sobre
la soledad sombra y desde largo tiempo abandonada,
de los macizos de hiedra esculpida y
de flores de piedra--sobre tanto y tanto templo
maravilloso en cuyos frisos contorneados se
entrelazan claveles, violetas y vias.

Bajo el cielo, resignadas, reposan las aguas
melanclicas. Las torres y las sombras se confunden
de tal modo que todo parece suspendido
en el aire, mientras que desde una torre
orgullosa, la Muerte como un espectro gigante,
contempla la ciudad que yace a sus pies.

All los templos abiertos y las tumbas sin losa
bostezan al nivel de las aguas luminosas; pero
ni las riquezas que se muestran en los ojos
adiamantados de cada dolo, ni los cadveres
con sus rientes adornos de joyas, quitan a las
aguas de su lecho; ninguna ondulacin arruga,
ay de m! todo ese vasto desierto de cristal;
ninguna ola indica que los vientos puedan
existir sobre otros mares lejanos y ms felices;
ninguna ola, ninguna ola deja suponer que han
existido vientos sobre mares menos horrorosamente
serenos.

Pero, he ah que un estremecimiento agita
el aire. Una onda, un movimiento se ha producido,
all abajo. Se dira que las torres se han
bamboleado y se hunden, dulcemente, en la
onda taciturna, como si las cimas hubieran
producido un ligero vaco en el cielo brumoso.
Entonces las ondas tienen una luz ms roja,
las horas transcurren sordas y lnguidas. Y
cuando en medio de gemidos que no tengan
nada de terrestres, esta ciudad sea engullida
por fin y profundamente fijada bajo la mar,
todava, levantndose sobre sus mil tronos, el
Infierno le rendir homenaje.

1845.




LA DURMIENTE



En el mes de Junio, a media noche me encuentro
bajo la mstica luna. Un oscuro vapor de
opio y de roco se exhala de su halo de oro, y
dulcemente, filtrando por la cumbre tranquila
de la montaa, resbala perezosa y armoniosamente
por el valle universal. El romero se
adormece sobre la tumba, el lis se inclina hacia
la onda. Envolvindose en la bruma se
hunde en el reposo. Ved, como parecido al
Leteo, el lago parece adormecerse a sabiendas
y por nada del mundo quisiera despertar.
Toda belleza duerme. Y ved donde reposa--su
ventana abierta a los cielos,--Irene, con sus
destinos.

Oh brillante princesa! por qu dejar esa
ventana abierta a la noche? Los espritus juguetones,
desde lo alto de los rboles se filtran
a travs de la persiana. Los seres incorpreos,
turba de magos, revolotean a travs de la cmara
y hacen flotar las cortinas del dosel, tan
fantsticamente, tan tmidamente, por encima
de tu prpado cerrado y franjeado,--bajo el cual
se esconde tu alma adormecida--que sobre
el piso, al pie del muro, sus sombras se levantan
y descienden como una ronda de fantasmas.

Querida nia, no tienes miedo? Por qu,
y con qu sueas? Has venido, ciertamente, de
mares muy lejanos; no eres una maravilla para
los rboles de ese jardn? Extraa es tu palidez,
extrao tu vestido, extraa sobre todo, la
longitud de tus cabellos, y todo este silencio
solemne.

Ella duerme! Oh! puede que su sueo sea
tan profundo como durable!; que el cielo la
tenga en su santa guardia! Que esta cmara
sea transformada en una ms melanclica y yo
rogar a Dios que la deje dormir para siempre,
los ojos cerrados, mientras que a su alrededor
errarn los fantasmas de oscuros velos!

Mi amor: ella duerme! Que su sueo eterno
pueda ser profundo! Que los gusanos se deslicen
dulcemente a su alrededor! Que en el fondo
del bosque viejo y sombro, alguna gran
tumba pueda abrirse para ella, alguna gran
tumba que haya cerrado otras veces como alas
sus negros panneaux triunfantes, por encima
de los estandartes funerarios bordados con
las armas de su ilustre familia;--alguna tumba
lejana y aislada contra la portada de la cual
ella haya en su infancia lanzado tantas piedras
ociosas;--algn sepulcro cuya puerta sonora
no le devuelva jams nuevos ecos, a ella, pobre
hija del pecado, que en otro tiempo se estremeca
al pensamiento de que fueran los muertos
quienes le respondiesen gimiendo!

1845.




BALADA NUPCIAL



El anillo est en mi dedo y la corona sobre
mi frente; he aqu que poseo rasos y joyas en
abundancia, y en el presente instante soy feliz.

Y mi Seor me ama bien; pero la primera vez
que pronunci su voto sent estremecerse mi
pecho, porque sus palabras sonaron como un
toque de agona y su voz se pareca a la de aquel
que cay durante la batalla en el fondo del valle,
y que es dichoso ahora.

Pero habl de modo de tranquilizarme y
bes mi frente plida. Entonces un delirio vino
y me transport en espritu al cementerio. Y
pensando que mi Seor era el difunto Elormie,
suspir por l que estaba delante de mi: oh
yo soy dichosa ahora!

As fueron pronunciadas las palabras, y as
fu empeado el juramento. Y aunque mi fe
se haya apagado, y aunque mi corazn llegue
a quebrarse, he ah la dorada prenda que prueba
que soy dichosa siempre.

Quiera Dios que pueda despertar! Porque
sueo no s cmo. Y mi alma se agita dolorosamente
en el temor de haber hecho mal, en
el temor de llegar a saber que el muerto abandonado
no es feliz ahora.

1845.




EL COLISEO



Smbolo de la Roma antigua! Suntuoso relicario
de sublimes contemplaciones legadas al
tiempo por difuntos siglos de pompa y de podero!!
Al fin, despus de tantos das de fatigante
peregrinaje y de ardiente sed,--sed de corrientes
de la ciencia que yace en ti,--yo, hombre
transformado, me arrodillo humildemente entre
tus sombras y bebo del fondo mismo de mi
alma tu grandeza, tu tristeza y tu gloria.

Inmensidad, y edad, y recuerdos de antes!
Silencio y desolacin y profunda noche! Os
percibo ahora y os siento en toda vuestra fuerza.
Oh sortilegios ms eficaces que aquellos que
el rey de Judea ense en los jardines de Gethseman!
Oh encantos ms poderosos que los
que la Caldea encantada arranc jams a las
tranquilas estrellas!

Aqu, en donde cay un hroe, cae una columna!
Aqu, en donde el guila teatral brillaba,
cubierta de oro, el oscuro murcilago
hace su aquelarre de media noche. Aqu, en
donde la cabellera dorada de las damas romanas
flotaba al viento, se balancean ahora el
cardo y la caa. Aqu, en donde el monarca
se inclinaba sobre su trono de oro, el gil y
silencioso lagarto se desliza como un espectro
hacia su casa de mrmol, al plido resplandor
del creciente lunar.

Pero, od. Esos muros, esas arcadas revestidas
de hiedra, esos zcalos musgosos, esas columnas
ennegrecidas, esos vagos relieves, esos
frisos ruinosos, esas cornisas rotas, ese naufragio,
esa ruina, esas piedras grises, ay! es
esto todo lo que queda de famoso y de colosal?
es esto todo lo que las horas corrosivas han
perdonado, todo lo que ellos nos han dejado al
Destino y a mi?

No. No es todo,--me responden los ecos,--no
es todo. Voces fuertes y profticas se levantan
para siempre en nosotros y en toda ruina
a la intencin de los sabios, parecidas a los
himnos de Memnon al Sol! Reinamos en los
corazones de los hombres ms poderosos; reinamos
con desptico imperio sobre todas las
almas gigantes. No somos impotentes nosotras,
plidas piedras. Todo nuestro podero
no ha desaparecido,--ni toda nuestra gloria,--ni
todo el prestigio de nuestro alto renombre,
ni todo lo maravilloso que nos circunda, ni
todos los misterios que moran en nosotros,--ni
todos los recuerdos que se prenden en nuestros
flancos como un vestido, envolvindonos
con un manto que es ms que la gloria!

1833.




EL GUSANO VENCEDOR



Ved!; es noche de gala en estos ltimos
aos solitarios. Una multitud de ngeles alados,
adornados con velos y anegados en lgrimas,
se halla reunida en un teatro para contemplar
un drama de esperanzas y de temores mientras
la orquesta suspira por intervalos la msica de
las esferas.

Actores creados a la imagen del Altsimo,
murmuran en voz baja y saltan de un lado al
otro; pobres fantoches que van y vienen a rdenes
de vastas creaturas informes que cambian
la decoracin a su capricho, sacudiendo con sus
alas de cndor a la invisible desgracia.

Este drama abigarrado--estad seguro que
no ser olvidado,--con su fantasma perseguido
siempre por una muchedumbre que no puede
atraparlo, en un crculo que gira siempre sobre
s mismo y vuelve sin cesar al mismo punto;
ese drama en el cual forman el alma de la intriga
mucha locura y todava ms pecado y horror!....

Pero ved, a travs de la bulla de los actores
como una forma rampante hace su entrada!
Una cosa roja, color sanguinolento viene retorcindose
de la parte solitaria de la escena.
Cmo se retuerce! Con mortales angustias
los actores constituyen su presa, y los ngeles
sollozan viendo esas mandibulas de gusano
teirse en sangre humana.

Todas las luces se apagan, todas, todas.
Sobre cada forma todava tiritante, el teln,
como un pao mortuorio, desciende con un ruido
de tempestad. Y los ngeles, todos plidos
y macilentos se levantan y cubrindose afirman
que ese drama es una tragedia que se
llama El Hombre de la cual el hroe es el
Gusano Vencedor....!

1838.




A ELENA



Elena, tu belleza es para m como esas barcas
niceanas de otro tiempo que sobre una mar
profunda llevaban dulcemente al viajero, cansado,
hacia su ribera natal.

Largo tiempo habituado a errar sobre mares
desesperados, tu cabellera de jacinto, tu clsico
perfil, tus cantos de nyade me han transportado
al corazn de aquella gloria que fu la
Grecia, de aquella grandeza que fu Roma.

Oh! all abajo, en la esplndida abertura
de esa ventana, como eres parecida a una estatua,
de pie, tu lmpara de gata en la mano.
Oh Psiquis, tu que me has llegado de esas regiones
que son la Tierra Bendita!....

1831.




A LA CIENCIA

_Soneto_



Oh Ciencia! tu eres la verdadera hija del
viejo tiempo, tu, cuya mirada indiscreta transforma
todas las cosas! Por qu haces tu presa
del corazn del poeta, oh buitre, cuyas alas son
las sombras realidades? Cmo podra l
amarte? Como te creera sabia si no has
querido dejarlo vagar en sus ensueos en busca
de tesoros en el seno de los cielos constelados,
por ms de que hasta all subiera con ala intrpida?
No has arrancado Diana a su carro,
y obligado a las hamadriadas de la selva a buscar
un asilo en alguna otra estrella ms feliz?
No has sacado a la nyade de su ola, al elfo de
su pradera verde y a m mismo no me has arrebatado
mi sueo estival bajo los tamarindos?

1829.




A LA SEORITA * * *



Qu me importa si mi suerte terrestre no
encierra en m mismo ms que una pequea
cosa de esta tierra? qu me importa si aos
de amor son olvidados en un momento de odio?

No lloro en forma alguna porque los desolados
sean ms dichosos que yo, pequea, sino
porque veo que os afligs por el destino de ste
que no es sino un transente sobre la tierra...

1829.




A LA SEORITA * * *



Las umbras bajo las cuales veo, en mis ensueos,
los ms traviesos pjaros cantores, son
labios; y toda la meloda de tu voz no es hecha
sino por palabras creadas por tus labios.

De tus ojos, engastados en el santuario celeste
de tu corazn, caen las miradas desoladas
ahora, oh Dios!, sobre mi espritu fnebre,
como la luz de una estrella sobre un sudario.

Tu corazn, tu corazn! Me despierto y
suspiro y vuelvo a dormirme para ensoar
hasta el da de la verdad, que el oro,--capaz de
tantas locuras,--no podr jams comprar.

1829.




AL RO



Bello ro! en tu clara y brillante onda de
cristal, agua vagabunda, eres un emblema del
esplendor de la belleza, un emblema del corazn
que no se esconde ahora, un emblema de
la alegre fantasa de arte en casa de la hija del
viejo Alberto.

Pero mientras ella mira en tu corriente,--que
resplandece y tiembla, por qu el ms
hermoso de todos ros recuerda a uno de sus
adoradores? Es porque en su corazn como en
tu onda, su imagen est profundamente grabada;
en su corazn que tiembla bajo el brillo de
sus ojos que buscan el alma!

1829.




CANCIN



Te vi en tu da nupcial, cuando un intenso
pudor invada tu frente, aunque todo fuera
alegra alrededor de ti y que, delante tuyo, no
fuera el mundo sino Amor.

En la vivificante luz que brillaba en tus ojos,--haya
sido cual haya sido su esencia,--encontr
todo lo que mi mirada dolorosa pudo hallar
de encantador sobre la tierra.

Ese pudor no era, quiz, sino pudor virginal--pudo
muy bien pasar por tal,--aunque su esplendor
haya hecho nacer una llama ms impetuosa
todava en el seno de aquel que, pobre de l!
te vio en tu da nupcial, cuando tu frente se
cubra de ese rubor invencible, a pesar de que
estuvieras rodeada de dicha y que el mundo
no fuera sino amor ante ti!

1827.




LOS ESPRITUS DE LOS MUERTOS



Tu alma se encontrar sola, cautiva de los
negros pensamientos de la gris piedra tumbal;
ninguna persona te inquietar en tus horas de
recogimiento.

Qudate silenciosamente en esa soledad que
no es abandono,--porque los espritus de los
muertos que existieron antes que t en la vida,
te alcanzarn y te rodearn en la muerte,--y
la sombra proyectada sobre tu cara obedecer
a su voluntad; por lo tanto, permanece tranquilo.

Aunque serena, la noche fruncir su ceo,
y las estrellas, de lo alto de sus tronos celestes,
no bajarn ms sus miradas con un resplandor
parecido al de la esperanza que se concede a
los mortales; pero sus rbitas rojas, desprovistas
de todo rayo, sern para tu corazn marchito
como una quemadura, como una fiebre
que querr unirse a ti para siempre.

Ahora, te visitan pensamientos que no ahuyentars
jams; ahora surgen ante ti visiones
que no se desvanecern jams; jams ellas dejarn
tu espritu, pero se fijarn como gotas
de roco sobre la hierba.

La brisa,--esa respiracin de Dios,--reposa
inmvil, y la bruma que se extiende como una
sombra sobre la colina,--como una sombra cuyo
velo no se ha desgarrado todava,--resulta as
un smbolo y un signo. Como logra permanecer
suspendida a los rboles, ese es el misterio
de los misterios!

1827.




LA ROMANZA



Oh romanza que gustas cantar, la frente
adormecida y las alas plegadas, entre las hojas
verdes agitadas a lo lejos sobre algn lago
umbro, t has sido para m un papagayo de
vivos colores, un pjaro muy familiar; t
me has enseado a leer mi alfabeto, a balbucear
todas mis primeras palabras, mientras
que, nio de mirada sagaz, me hunda en huraos
bosques.

       *       *       *       *       *

En estos ltimos tiempos, el eterno Cndor
de los tiempos ha estremecido de tal modo mi
cielo hasta en sus alturas, agrandando el tumulto
producido por el pasaje y la huida de
los aos, y tengo tan obstinadamente los ojos
fijos en el inquietante horizonte, que no me
queda tiempo para mis dulces ocios.




EL REINO DE LAS HADAS



Valles oscuros, torrentes umbros, bosques
nebulosos en los cuales nadie puede descubrir
las formas a causa de las lgrimas que gota a
gota se lloran de todas partes! All, lunas desmesuradas
crecen y decrecen, siempre, ahora,
siempre, a cada instante de la noche, cambiando
siempre de lugar, y bajo el hlito de sus faces
plidas ellas oscurecen el resplandor de las
temblorosas estrellas. Hacia la duodcima
hora del cuadrante nocturno una luna ms
nebulosa que las otras,--de una especie que las
hadas han probado ser la mejor,--desciende
hasta bajo el horizonte y pone su centro sobre
la corona de una eminencia de montaas, mientras
que su vasta circunferencia se esparce en
vestiduras flotantes sobre los caseros, sobre las
mismas mansiones distantes, sobre bosques
extraos, sobre la mar, sobre los espritus que
danzan, sobre cada cosa adormecida, y los sepulta
completamente en un laberinto de luz.
Y entonces, cun profundo es el xtasis de
ese su sueo! De maana, ellas se levantan, y su
velo lunar vuela por los cielos mientras se agitan
como plido albatros al soplo de la tempestad
que las sacude como a casi todas las cosas.
Pero cuando las hadas que se han refugiado
bajo esa luna de la que se han servido, por as
decirlo, como de una tienda, la dejan, no pueden
jams volver a encontrar abrigo. Y los tomos
de ese astro se dispersan y se convierten bien
pronto en una lluvia, de la cual las mariposas
de esta tierra, que buscan en vano los cielos
y vuelven a descender,--criaturas jams
satisfechas!--nos devuelven partculas a veces
sobre sus alas estremecidas.

1831.




EL LAGO



En la primavera de mi juventud, fu mi destino
no frecuentar de todo el vasto mundo sino
un solo lugar que amaba ms que todos los otros,
tanta era de amable la soledad de su lago salvaje,
rodeado por negros peascos y de altos
pinos que dominaban sus alrededores.

Pero cuando la noche tenda su sudario sobre
ese lugar como sobre todas las cosas, y se agregaba
el mstico viento murmurando su meloda,
entonces, oh, entonces se despertaba
siempre en m el terror por ese lago solitario!

Y sin embargo ese terror no era miedo, sino
una turbacin deliciosa, un sentimiento que
ninguna mina de piedras preciosas podra inspirarme
o convidarme a definir, ni el amor
mismo, aunque ese amor fuera el tuyo.

La muerte reinaba en el seno de esa onda
envenenada, y en su remolino haba una tumba
bien hecha para aquel que pudiera beber en
ella un consuelo a su imaginacin taciturna, para
aquel cuya alma desamparada pudiera haberse
hecho un Edn de ese lago velado.

1827.




LA ESTRELLA DE LA TARDE



Era en el corazn del verano y en medio de
la noche. Las estrellas marchando en sus rbitas
brillaban con un plido resplandor a travs
de la luz ms viva de la fra luna, mientras que
sta, rodeada de los planetas, sus esclavos,
lanzaba desde lo alto de los cielos, sus rayos
sobre las olas.

Yo contemplaba su triste sonrisa, demasiado
fra, demasiado fra para m. Una nube oscura
vino a pasar, semejante a un sudario, y fu
entonces que me volv hacia ti, Estrella del
Sur, orgullosa en tu gloria lejana. Y ahora
me ser ms querida tu luz, porque lo que me
traes de ms magnificente a travs del cielo
nocturno, es la alegra de mi corazn, y yo prefiero
tu discreto y lejano resplandor a esa llama
cercana pero ms fra!

1827.




EL DA MS FELIZ



El da ms feliz, la hora ms dichosa, los ha
conocido mi corazn agotado y marchito; pero
siento que ha desaparecido ya mi ms alta esperanza
de orgullo y de podero.

He dicho de podero? S. Pero desde hace
largo tiempo, ay de m! se han desvanecido
los bellos ensueos de la juventud; han pasado
ya: dejmoslos que se desvanezcan!

Y t, orgullo, qu har de ti ahora? Otra
frente puede bien heredar el veneno que me
has dado. Que por lo menos mi espritu permanezca
tranquilo.

El da ms hermoso, la hora ms feliz que mis
ojos hayan visto y hayan podido ver jams,
mi ms brillante mirada de orgullo y de podero,
todo eso ha existido pero ya no existe; yo
lo siento.

Y si esa esperanza de orgullo y de podero
me fuera ofrecida ahora acompaada de un
dolor semejante al que experimento, no quisiera
revivir esa hora brillante.

Porque bajo su ala llevaba una oscura
mezcla y mientras volaba, dejaba caer una
esencia todopoderosa para consumir un alma que
tan bien la conoca.

1827.




IMITACIN



Una ola insondable de invencible orgullo,
un misterio y un sueo, tal debi parecer mi
primera edad. Yo aado que ese sueo estaba
atravesado por un pensamiento hurao, siempre
despierto, de seres que han existido, y que mi
espritu no hubiera apercibido jams si los
hubiera dejado pasar cerca de mi, bajo mi ensoadora
pupila. Que ningn otro, ac abajo,
herede esta visin de mi espritu, de esos pensamientos
que a cada instante quisiera dominar
y que se extienden como un hechizo sobre mi
alma. Porque, al fin, esa brillante esperanza
y ese tiempo liviano se han ido, y mi reposo
terrestre, me ha dejado, l tambin, con un
suspiro, al pasar. Entre tanto, no me preocupo
de que l perezca con un pensamiento que
entonces amaba....!

1827.




TRADUCIDOS

POR

CARLOS ARTURO TORRES




LAS CAMPANAS



I

Por el aire se dilata
alegre campanilleo...
Son las campanas de plata
del trineo...
Oh, qu mundo de alegra expresa su meloda!
Qu retintn de cristal
en el ambiente glacial!
Mientras las luces astrales
que titilan en los cielos
se miran en los cristales
de los hielos,
y sube la nota nica
como un gil rima rnica
que all en la noche serena
va dilatando sus ecos por el ltimo confn,
y la campanilla suena
diln, diln...
Melodiosa y cristalina
suena, suena,
suena, suena, suena, suena
la nota gil y argentina
con metlico y alegre y lmpido retintn!


II

Escuchad! Un dulce coro
puebla la atmsfera toda:
son las campanas de oro
de la boda.

Qu mundo de venturanza la plcida nota lanza
Su voz como una caricia
o como un suave reproche
desgrana en la calma noche
las perlas de su delicia.
Son las ureas notas una fuente de ledo murmullo
o el enamorado arrullo de la trtola: la Luna
en la dormida laguna vierte miradas de plata,
y en el ter y en las linfas palpita la serenata...
Y cmo en el aire flota
la urea nota!
Cmo brota,
cual dice la dicha ignota,
en el balsmico efluvio de noche primaveral!
Y cun dulce y cun sonoro,
--din dan, din dan--,
es el coro,
--din dan, din dan--,
de la campana de oro,
que en su lengua musical
celebrando est el misterio de la noche nupcial.


III

Turba el nocturno sosiego
sbita alarma, y entonces
a gran campana de bronce
toca a fuego!
Qu terrfica pavura la siniestra nota augura!
Es desesperado ruego
desgarrador y tenaz
al rojo elemento ciego
cada instante ms frentico, cada instante ms voraz!
En indescriptible pnico
el cataclismo volcnico
con raudo impulso titnico
avanza, la campanada alarido es de terror;
sigue el bronce, sigue el bronce con su clamoroso estruendo
diciendo
cul crece el peligro horrendo,
cul se inflama
la llama,
y la Luna como forma de sangriento tabernculo,
alumbra el rojo espectculo
en su fantstico horror.
Y el bronce alarmante clama,
clama, clama
como se extiende la injuria
del incendio y crece en furia,
y es ya locura el pavor...
Bajo cielos escarlatas se extiende inflamado manto,
el espanto
en tanto
crece, y sigue la campana de su rebato el clamor.
Y en ese rebato armgero,
--dan dan, dan dan--,
crece el estrago flamgero
--dan dan, dan dan--,
al sn violento que dan
las campanas de la torre que tocando a fuego estn!


IV

Dobla y dobla lentamente
negra campana de hierro
que invita con sn doliente
al entierro.
Qu solemnes pensamientos despiertan esos acentos!
Del lento y triste sonido
cada toque, cada nota
en el vago viento flota
como doliente gemido,
y de la noche en la calma
el melanclico sn,
siente estremecida el alma
cual solemne admonicin.
Se desprenden esos dobles lgubres y funerarios
de los altos campanarios
en fnebre vibracin;
en esos dobles alienta algn espritu irnico
que a cada nota que zumba,
con agrio gesto sardnico
rueda implacable y derrumba
y oprime con todo el peso de la piedra de una tumba
el humano corazn!
Quienes taen las campanas de los toques funerales
no son pobres campaneros, no son sencillos mortales,
son espectros sepulcrales!
Y es el Rey de los espectros quien toca con ms tesn!
Pausado, implacable, lento
su toque a cada momento
resuena como un lamento
pregonando la hora nica
en extraa rima rnica,
y parece que sintiera intenso placer diablico
en este toque simblico
de muerte y desolacin.
--Din dan, din don--,
--din dan, din don--,
dobla, dobla el sn montono, dobla el toque funeral,
y el Rey espectro su gozo
refina en este sollozo,
en este intenso suspiro
que en su giro
remeda el doble augural
que va recordando al hombre de su existencia el final.
El toque sigue y no cesa
y vibra en el alma opresa
sordamente como un cuerpo que cayera en una huesa...
--Din dan, din don--,
resuena en el corazn,
--din dan, din don--,
de la campana que dobla el lento y lgubre sn!




ULALUME



I

Los cielos cenicientos y sombros,
crespas las hojas, lvidas y mustias,
y era una noche del doliente octubre
del tiempo inmemorial entre las brumas,
era en las tristes mrgenes del Auber,
el lago tenebroso de aguas mudas,
ante los bosques ttricos del Weir,
la regin espectral de la pavura.


II

A solas con mi alma, recorra
avenida titnica y oscura
de fnebres cipreses... con mi alma,
con Psiquis, alma que, al misterio turba...
Era la edad del corazn volcnico
como las llamas del Yanek sulfreas,
como las lavas del Yanek que brotan
all del polo en la regin nocturna.


III

Pocas palabras nos dijimos, era
como una confidencia ntima y muda;
palabras serias, pensamientos graves
que la memoria para siempre turban;
no recordamos que era el triste octubre,
que era la noche (noche infausta y nica!)
no recordamos la regin del Auber
que tanto conoci mi desventura,
ni el bosque fantasmtico del Weir,
la regin espectral de la pavura.


IV

Y cuando la noche ya avanza
de estrellas al vago tremer,
al fin de la oscura avenida
un lnguido rayo se ve,
fulgor diamantino que anuncia
de fnebre velo al travs,
que emerge de nube fantstica
la Luna, la blanca Astart.


V

Y yo dije a mi alma: Ms que Diana
ardiente, aquella misteriosa Luna
rueda al travs de un ter de suspiros;
lgrimas de su faz una por una
caen donde el gusano nunca muere.
Para mostrarnos la celeste ruta
y el alma imperio de la paz Letea
atrs dej al len en las alturas,
del len las estrellas traspasando,
del len a despecho, ora nos busca
y sus miradas lmpidas y dulces
son las miradas que el amor anuncian.


VI

Mas Psiquis dijo sealando al Cielo:
La palidez de ese astro me conturba;
pronto, huyamos de aqu, pronto, es preciso.
Y de sus alas recogi las plumas
con intenso terror, y sollozando,
presa de pronto de invencible angustia
pleg las alas, hasta el polvo fro
lentas dejando descender las plumas.


VII

Y yo le dije: Tu terror es vano,
sigamos esa luz trmula y pura,
que nos baen sus rayos cristalinos,
sus rayos sibilinos que ya auguran
e irradian la belleza y la esperanza.
Mira: la senda de los cielos busca;
sigamos sin temor sus limpios rayos
que ellos a playa llevarn segura,
sigamos esa luz limpia y tranquila
a travs de la bveda cerlea.


VIII

Tranquilic a mi Psiquis, y besndola,
de su mente apart las inquietudes
y sus zozobras disip profundas,
y convencerla que siguiera pude.
Llegamos hasta el fin; ojal nunca
llegara! Al fin de la avenida lgubre
nos detuvo la puerta de una tumba
(oh, triste noche del lejano octubre!)
nos detuvo la losa de una tumba,
de legendario monumento fnebre.
Oh, hermana!--dije--Qu inscripcin confusa
en la sellada losa se descubre?
Respondiome: Ulalume, esta es su tumba,
la tumba de tu plida Ulalume!


IX

Qued mi corazn como ese Cielo
ceniciento, como esas hojas mustias,
como esas hojas yertas y crispadas...
Ay! pens: el mismo octubre fu, sin duda
fu en _esa misma noche_ cuando vine
al travs del horror y de la bruma
aqu trayendo mi doliente carga...
Oh, noche infausta, infausta cual ninguna!
Oh! Qu infernal espritu me trajo
a esta regin fatal de la tristura?
Bien reconozco el mudo lago de Auber,
y esta comarca que el horror anubla,
y el bosque fantasmtico de Weir,
la regin espectral de la pavura!




ESTRELLAS FIJAS

(TO HELEN)



I

  Te vi un punto;
era una noche de julio, noche tibia y perfumada,
noche difana,
de la Luna plena y lmpida,
lmpida como tu alma,
descendan
sobre el parque adormecido grciles velos de plata;
ni una rfaga
el infinito silencio
y la quietud perturbaban;
en el parque
evaporaban las rosas los perfumes de sus almas,
para que los recogieras
en aquella noche mgica;
para que t lo aspiraras su ltimo aliento exhalaban,
como en una muerte exttica;
y era una selva encantada,
y era una noche de ensueos y claridades fantsticas!


II

Toda de blanco vestida,
toda blanca
sobre un banco de violetas
reclinada
te vea,
y a las rosas moribundas y a ti una luz tenue y difana
alumbraba
luz de perla diluida
en un ter de suspiros y de evaporadas lgrimas!


III

Qu hado extrao
(fu ventura, fu desgracia?)
me condujo
aquella noche hasta el parque de las rosas que exhalaban
los suspiros perfumados
de su alma?
Ni una hoja
susurraba;
no se oa
una pisada,
todo mudo,
todo en calma,
todo en sueo
menos _t_ y _yo_ (cul me agito al unir las dos palabras!)
menos t y yo. De repente
todo cambia.
De la Luna la luz lmpida, la luz de perla se apaga,
el perfume de las rosas muere en las dormidas auras,
los senderos se oscurecen
expiran las violas castas,
menos _t_ y _yo_, todo huye, todo muere, todo pasa...
Todo se apaga y se extingue menos tus hondas miradas,
tus dos ojos donde arde
tu alma!
Y slo veo entre sombras aquellos ojos...
Oh, amada!
Qu tristezas extrahumanas,
qu irreales
leyendas de amor relatan!
Qu misteriosos dolores,
qu sublimes esperanzas,
qu mudas renunciaciones
expresan aquellos ojos que en las sombras fijan en m sus miradas!


IV

Noche oscura,
ya Diana
entre turbios nubarrones hundi la faz plateada;
y t sola
en medio de la avenida
funeraria,
te deslizas
ideal, mstica y blanca,
te deslizas y te alejas incorprea cual fantasma;
slo flotan tus miradas,
slo tus ojos perennes,
tus ojos de hondas miradas
fijos quedan!
A travs de los espacios y los tiempos marcan, marcan
mi sendero, y no me dejan cual me dej la esperanza.
Van siguindome,
siguindome
como dos estrellas cndidas,
cual fijas estrellas dobles en el Cielo apareadas!
En la noche
solitaria
purifican con sus rayos y mi corazn abrasan
y me prosterno ante ellos con adoracin exttica;
y en el da
no se ocultan cual se ocult mi esperanza;
por todas partes me siguen mirndome fijamente
en mi espritu clavadas...
Misteriosas y lejanas
me persiguen tus miradas
como dos estrellas fijas, como dos estrellas tristes,
como dos estrellas blancas!




DREAMLAND



I

En una senda abandonada y triste
que recorren tan slo ngeles malos,
una extraa Deidad la negra Noche
ha erigido su trono solitario;
all llegu una vez; cruc atrevido
de Thule ignota los contornos vagos
y al Reino entr que extiende sus confines
fuera del Tiempo y fuera del Espacio.


II

Valles sin lindes, mares sin riberas,
cavernas, bosques densos y titnicos,
montaas que a los cielos desafan
y hunden la base en insondables lagos,
en lagos insondables siempre mudos
de misteriosos bordes escarpados,
glidos lagos, cuyas muertas aguas
un Cielo copian ttrico y extrao.


III

Orillas de esos lagos que reflejan
siempre un Cielo fatdico y hurao
cerca de aquellos bosques gigantescos,
enfrente de esos negros ocanos,
al pie de aquellos montes formidables,
de esas cavernas en los hondos antros,
vense a veces fantasmas silenciosos
que pasan a lo lejos sollozando,
fnebres y dolientes... son aquellos
amigos que por siempre nos dejaron,
caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!


IV

Para el alma nutrida de pesares,
para el transido corazn, acaso
es el asilo de la paz suprema,
del reposo y la calma en Eldorado.
Pero el viajero que azorado cruza
la regin no contempla sin espantos
que a los mortales ojos sus misterios
perennemente seguirn sellados,
as lo quiere la Deidad sombra
que tiene all su imperio incontrastado.


V

Por esa senda desolada y triste
que recorren tan slo ngeles malos,
senda fatal donde la Diosa Noche
ha erigido su trono solitario,
donde la inexplorada, ltima Thule
esfuma en sombras sus contornos vagos,
con el alma abrumada de pesares,
transido el corazn, he paseado...
He paseado en pos de los que huyeron
fuera del Tiempo y fuera del Espacio!




EL CUERVO

TRADUCIDO POR J. PREL BONALDO



  Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
sobre ms de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba sooliento la cabeza, de repente
        a mi puerta o llamar:
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
        mano tmida a tocar:
Es--me dije--una visita que llamando est a mi puerta:
        eso es todo, y nada ms!

  Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cun ansioso el nuevo da deseaba, en la lectura
        procurando en vano hallar
tregua a la honda desventura de la muerte de Leonora,
        la radiante, la sin par
virgen pura a quien Leonora las querubes llaman hora
        ya sin nombre... nunca ms!

  Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantsticas pavuras,
de tal modo, que el latido de mi pecho palpitante
        procurando dominar,
es, sin duda, un visitante--repeta con instancia--
        que a mi alcoba quiere entrar;
un tardo visitante a las puertas de mi estancia...
        eso es todo, y nada ms!

          Paso a paso, fuerza y bros
        fu mi espritu cobrando:
        Caballero--dije--o dama:
        mil perdones os demando;
        mas, el caso es que dorma,
        y con tanta gentileza
        me vinisteis a llamar,
        y con tal delicadeza
        y tan tmida constancia
        os pusisteis a tocar
        que no o--dije--y las puertas
        abr al punto de mi estancia;
        sombras slo y...
        nada ms!

  Mudo, trmulo, en la sombra por mirar haciendo empeos,
qued all, cual antes nadie los so, forjando sueos;
ms profundo era el silencio, y la calma no acusaba
        ruido alguno... Resonar
slo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
        yo me puse a murmurar,
y que el eco repeta como un soplo: Leonora!...
        esto apenas, nada ms!
A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia
pronto o llamar de nuevo--esta vez con ms violencia,
De seguro--dije--es algo que se posa en mi persiana;
        pues, veamos de encontrar
la razn abierta y llana de este caso raro y serio
        y el enigma averiguar.
Corazn! Calma un instante y aclaremos el misterio...
      --Es el viento--y nada ms!

  La ventana abr--y con rtmico aleteo y garbo extrao
entr un cuervo majestuoso de la sacra edad de antao.
Sin pararse ni un instante ni seales dar de susto,
        con aspecto seorial,
fu a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
        de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Palas la figura representa,
        fu y posose--y nada ms!

  Troc entonces el negro pjaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria decorosa gentileza;
y le dije: Aunque la cresta calva llevas, de seguro
          no eres cuervo nocturnal,
viejo, infausto cuervo oscuro, vagabundo en la tiniebla...
          Dime:--Cul tu nombre, cul
en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?...
          Dijo el cuervo: Nunca ms!

  Asombrado qued oyendo as hablar al avechucho,
si bien su rida respuesta no expresaba poco o mucho;
pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
          que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
          ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta, cincelada,
          con tal nombre: Nunca ms!

  Mas el cuervo, fijo, inmvil, en la grave efigie aquella,
slo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada--ni una pluma sacuda, ni un acento
          se le oa pronunciar...
Dije entonces al momento: Ya otros antes se han marchado,
          y la aurora al despuntar,
l tambin se ir volando cual mis sueos han volado.
          Dijo el cuervo:Nunca ms!

  Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
no hay ya duda alguna--dije--lo que dice es aprendido;
aprendido de algn amo desdichoso a quien la suerte
          persiguiera sin cesar,
persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
          sus canciones terminar,
y el clamor de la esperanza con el triste ritornelo
          de jams, y nunca ms!

  Mas el cuervo, provocando mi alma triste a la sonrisa
mi silln rod hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa;
luego, hundindome en la seda, fantasa y fantasa
        dime entonces a juntar,
por saber qu pretenda aquel pjaro ominoso
        de un pasado inmemorial,
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lgubre y odioso
        al graznar: Nunca jams!

  Qued aquesto, investigando frente al cuervo en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y ms--sobre cojines reclinado--con anhelo
        me empeaba en descifrar,
sobre el rojo terciopelo do imprima viva huella
        luminoso mi fanal--
terciopelo cuya prpura ay! jams volver ella
        a oprimir--Ah! Nunca ms!

          Pareciome el aire entonces,
        por incgnito incensario
        que un querube columpiase
        de mi alcoba en el santuario,
perfumado--Miserable sr--me dije--Dios te ha odo
        y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
        te ha venido hoy a brindar:
bebe! bebe ese nepente, y as todo olvida ahora.
        Dijo el cuervo: Nunca ms!

          Eh, profeta--dije--o duende,
        mas profeta al fin, ya seas
        ave o diablo--ya te enve
        la tormenta, ya te veas
        por los bregos barrido a esta playa,
                desolado
        pero intrpido a este hogar
        por los males devastado,
        dime, dime, te lo imploro:
        Llegar jams a hallar
algn blsamo o consuelo para el mal que triste lloro?
        Dijo el cuervo: Nunca ms!

Oh, profeta--dije--o diablo--Por ese ancho combo velo
de zafir que nos cobija, por el mismo Dios del Cielo
a quien ambos adoramos, dile a esta alma adolorida,
        presa infausta del pesar,
si jams en otra vida la doncella arrobadora
        a mi seno he de estrechar,
la alma virgen a quien llaman los arcngeles Leonora!
        Dijo el cuervo: Nunca ms!

                Esa voz,
              oh, cuervo, sea
              la seal
              de la partida,
        grit alzndome:--Retorna,
        vuelve a tu hrrida guarida,
la plutnica ribera de la noche y de la bruma!...
        de tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra, El busto deja!
        Deja en paz mi soledad!
Quita el pico de mi pecho. De mi umbral tu forma aleja...
        Dijo el cuervo: Nunca ms!

  Y aun el cuervo inmvil, fijo, sigue fijo en la escultura,
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura...
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
        las visiones ve del mal;
y la luz sobre l cayendo, sobre el suelo arroja, trunca
        su ancha sombra funeral,
y mi alma de esa sombra que en el suelo flota... nunca
        se alzar... nunca jams!


FIN.





End of the Project Gutenberg EBook of Poemas, by Edgar Allan Poe

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK POEMAS ***

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in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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